Siempre he dicho que prefiero que DIOS me reprenda por lo que soy, y no por lo que finja ser. Y también prefiero arrepentirme de lo que haya hecho, y no de lo que nunca hice. Mucha gente, suele decir en estos días: “Voy a portarme bien, pues es semana santa y quiero estar bien con DIOS”. Y lo dicen aún sabiendo que DIOS, ese para quien dicen purificarse durante la semana santa, nos pidió amar a nuestro prójimo todos los días. Es solo que, al puro estilo religioso de los mexicanos, se ha pensado que para estos días y los de navidad deben portarse bien y después, como ya cumplimos ahí te ves.
MI PROMESA A DIOS PARA ESTA SEMANA
Yo por eso, en estos días, prometo solemnemente y caiga quien caiga a mi DIOS, seguir siendo el mismo diablo que fui todo el año, pues pienso que así, siendo sincero y honesto, lo honro más que aquellos hipócritas que van con sus zalamerías a las iglesias, (llámense católicas, cristianas o como sea) como si él no conociera lo jijos de la tiznada que son y que fueron todo el año.
Por supuesto, hablo de los hipócritas y no de quien practica su religión todo el año, sea o no semana santa. Pero hay gente a la que usted verá en las iglesias golpeándose el pecho por fuera, mientras que por dentro, ni desean estar ahí y están pensando solo en ir a echarse unas chelas a un antro o invertir el tiempo en cualquier otra cuestión. Esos, que piensan que porque fueron dos o tres horas a engañar gente también engañaron a DIOS, solo merecen recibir una escupida en la cara.
¿Cuál castigo será peor? ¿El del diablo conocido o el del diablo anónimo? ¿Quién peca más? ¿El diablo que va a la iglesia o el que no va? A mí no me conteste. Yo ya sé la respuesta. Esta pregunta es para usted que me lee, para que examine sus pasos y defina cómo presentarse al SEÑOR cuando lo haga. Yo por mi parte, todos los días por la mañana y por la tarde me presento ante DIOS, y hoy se me antoja para presentarme así: “SEÑOR; no fui a la iglesia en todo el año porque no me dieron ganas. Los días que cometí alguna falta, lo hice con conocimiento de causa y no vengo a negar nada, sino a reconocer que TÚ no puedes ser burlado y ponerme a tu disposición”. En mi opinión, eso honra más a DIOS, y no las hipocresías de purificarse una semana para, en la siguiente, volver a ser el mismo que antes fui.
EL ANÁLISIS POLÍTICO Y SOCIAL DEL DIARIO VIVIR EN MÉXICO, DESDE LA OPINIÓN DEL ABOGADO Y PERIODISTA, LICENCIADO OMAR ARCE NOLASCO. CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD... ¡NO ES MÁS QUE ESO! LA REALIDAD.
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martes, 3 de abril de 2012
jueves, 24 de noviembre de 2011
AL PUEBLO LO MATAN SUS DIABLOS
POR LICENCIADO OMAR ARCE
Me había dicho un día mi abuelita que, cada uno de nosotros, tenía un ángel de la guarda y que por eso no debía comer parado, para que no se fuera a ir. Lo que nunca me enseñó fue que, cada uno de nosotros, también trae como mil diablos cargando y que pueden llegar a ser muy peligrosos. Si no, nomás vea: En el marco del XXVII CONGRESO DE CARDIOLOGÍA, del cuál VALLARTA FUE SEDE, el director del Instituto de Corazón de Querétaro dijo sobre los infartos que: “Cada vez los vemos en gente más joven, las enfermedades habitualmente las asumíamos en gente mayor, pero en la actualidad estamos teniendo infartados en jóvenes de 20, 30 y 40 años, entonces, el impacto de esta enfermedad cada vez es mayor”.
Es lamentable que cada vez sean más jóvenes los que mueren de un infarto, pero para mí, tal cosa no es sorprendente. Porque según el jodido sistema educativo de hoy, es más importante para el alumno aprender fórmulas estúpidas como “x mas y = 23”, que aprender a manejar de forma correcta sus emociones. Si en vez de tanta babosada nos enseñaran que las cosas son según se vean, Yo le aseguro amable lector, que el índice de mortalidad por infartos sería, sin temor a equivocarme, muchísimo menos alarmante. Pero… ¿Cómo está eso de que las cosas son según se vean?
Es muy sencillo. Hace poco, justamente cuando anduvo en boga esto de la conjuntivitis, Yo sentí síntomas de que iba a darme. Pero no me alarmé. Se alarmó más cierta persona que, al saberlo, fue tanto su temor que procuraba no acercarse tanto a mí. ¿Y qué cree que pasó? Pues nada; que al final, lo mío solo fue una falsa alarma y que, a aquella persona, la conjuntivitis le dio con ganas. Nunca dejé de acercarme a ella pero no sufrí de tal enfermedad jamás. ¿Qué pasó ahí? Pues que, de solo temer, también nos vienen las cosas. Eso es lo que ha pasado con los infartos.
Porque no es lo mismo que Yo le dé una manzana a mi cuerpo porque sepa que le hace bien, a que le dé la manzana por miedo a sufrir un infarto. Yo, fácil me hecho diez tacos de carnitas de puerco en un solo sentón, pero también doy gracias a DIOS por la oportunidad y no ando con que la carne de puerco es mala. Porque desde el momento que temo, estoy propenso a que me den todos los males que, según se dice, le dan a todo aquel que come así. No estoy peleado con quienes gustan del buen comer, pero lamento decirles que si lo hacen por temor, igual se los carga la tiznada aunque se atasquen de frutas y verduras. ¿Por qué? Porque lo que mata es el temor. Si no, nomás dígame: ¿Cómo es que deportistas han caído infartados en pleno estadio municipal? ¡Pues muy fácil! Hacían deporte por temor y el temor los mató. ¿Lo ve? Por eso digo que al pueblo lo matan sus propios diablos.
¿Qué pasó con la influenza? Lo mismo. Era una mentira podrida de CALDERÓN que, tan pronto como fue difundida, hubo quien sintió verdaderamente los síntomas. ¿Por qué? La respuesta es fácil; por miedo.
Me había dicho un día mi abuelita que, cada uno de nosotros, tenía un ángel de la guarda y que por eso no debía comer parado, para que no se fuera a ir. Lo que nunca me enseñó fue que, cada uno de nosotros, también trae como mil diablos cargando y que pueden llegar a ser muy peligrosos. Si no, nomás vea: En el marco del XXVII CONGRESO DE CARDIOLOGÍA, del cuál VALLARTA FUE SEDE, el director del Instituto de Corazón de Querétaro dijo sobre los infartos que: “Cada vez los vemos en gente más joven, las enfermedades habitualmente las asumíamos en gente mayor, pero en la actualidad estamos teniendo infartados en jóvenes de 20, 30 y 40 años, entonces, el impacto de esta enfermedad cada vez es mayor”.
Es lamentable que cada vez sean más jóvenes los que mueren de un infarto, pero para mí, tal cosa no es sorprendente. Porque según el jodido sistema educativo de hoy, es más importante para el alumno aprender fórmulas estúpidas como “x mas y = 23”, que aprender a manejar de forma correcta sus emociones. Si en vez de tanta babosada nos enseñaran que las cosas son según se vean, Yo le aseguro amable lector, que el índice de mortalidad por infartos sería, sin temor a equivocarme, muchísimo menos alarmante. Pero… ¿Cómo está eso de que las cosas son según se vean?
Es muy sencillo. Hace poco, justamente cuando anduvo en boga esto de la conjuntivitis, Yo sentí síntomas de que iba a darme. Pero no me alarmé. Se alarmó más cierta persona que, al saberlo, fue tanto su temor que procuraba no acercarse tanto a mí. ¿Y qué cree que pasó? Pues nada; que al final, lo mío solo fue una falsa alarma y que, a aquella persona, la conjuntivitis le dio con ganas. Nunca dejé de acercarme a ella pero no sufrí de tal enfermedad jamás. ¿Qué pasó ahí? Pues que, de solo temer, también nos vienen las cosas. Eso es lo que ha pasado con los infartos.
Porque no es lo mismo que Yo le dé una manzana a mi cuerpo porque sepa que le hace bien, a que le dé la manzana por miedo a sufrir un infarto. Yo, fácil me hecho diez tacos de carnitas de puerco en un solo sentón, pero también doy gracias a DIOS por la oportunidad y no ando con que la carne de puerco es mala. Porque desde el momento que temo, estoy propenso a que me den todos los males que, según se dice, le dan a todo aquel que come así. No estoy peleado con quienes gustan del buen comer, pero lamento decirles que si lo hacen por temor, igual se los carga la tiznada aunque se atasquen de frutas y verduras. ¿Por qué? Porque lo que mata es el temor. Si no, nomás dígame: ¿Cómo es que deportistas han caído infartados en pleno estadio municipal? ¡Pues muy fácil! Hacían deporte por temor y el temor los mató. ¿Lo ve? Por eso digo que al pueblo lo matan sus propios diablos.
¿Qué pasó con la influenza? Lo mismo. Era una mentira podrida de CALDERÓN que, tan pronto como fue difundida, hubo quien sintió verdaderamente los síntomas. ¿Por qué? La respuesta es fácil; por miedo.
miércoles, 10 de agosto de 2011
¿Y A USTED CON QUÉ LO ASUSTAN?
Yo me acuerdo que una vez, mi abuelita me contó que cuando en su rancho alguien mencionaba al diablo, este se aparecía diciendo: “Aquí estoy. ¿Me hablabas?” También una vez un amigo se enojó conmigo, porque me reí de muy buena gana, cuando me contó: “Allá en el Colomo, el diablo se aparece por la calle, cantando la de y volver volver…” Más se enojó todavía, cuando muerto de la risa, le dije: “Hombre… ¡Pues regálale un disco de Vicente Fernández!” Pensando en eso y leyendo un poco, me puse a meditar en lo que asusta a los mexicanos, en comparación con lo que asusta a otras culturas. Por ejemplo: Mientras en Europa y los Estados Unidos el terror consiste en monstruos y vampiros como los de Edgar Allan Poe, Bram Stoker o Lovecraft (todos ellos novelistas de terror) aquí nos asustamos cuando vemos La Maldición De La Llorona o nuestra abuelita nos describe al diablillo raso de cola y cuernos, vestido de rojo. Tal vez por eso el gobierno logró asustar a media nación con el cuento del Chupa Cabras.
Y es que fue parte de la herencia de los españoles de entonces. Porque, Yo no sé si los Mexicas creían en el regreso de los muertos, pero en cambio sí sé que en el Archivo General De La Nación, hay muchos antecedentes de lo que según esto, sucedió en México en cuanto a supuestas apariciones cuando los españoles estaban aquí. Por eso estoy seguro de que ese temor, que muchos todavía tienen, nos vino de España. Pero los gringos, por más que se digan más inteligentes que nosotros, son peores (piores dijera el indio) porque… ¡Adivine con qué los asusta su gobierno! Pues no me lo va usted a creer pero los asusta con… ¡Extraterrestres! ¡Sí de veras! No suceda algún escándalo que involucre al gobierno, porque así como Jacobo y TELEVISA se prestaron a lo del mentado Chupa Cabras, así los medios allá se prestan para sacar supuestos videos de la NAZA, en los que se asegura, se vieron presencias alienígenas en cierto lugar. Y por supuesto, ahí tiene a los gringos con los calzones abajo, temblando de miedo y hablando de eso todo el santo día.
En México se quiso implementar la misma estrategia y le hablaron a Jaime Mausán: “¡Jaime!” “Dígame señor Presidente…” “Pues que dice papá gobierno (el de Estados Unidos) que tenemos qué asustar a nuestra gente con marcianos mano. Ya hablé con Emilio y le dije que te dé un espacio en la tele así que… ¡Te me vas a armar el teatrito y mucho cuidado!” Y ahí va Maussán, a armar un programa que hasta la fecha, no asusta ni al perro. Y viendo esto, el presidente lo mandó a la jodida (aunque lo dejó con su programa y su fama porque ya no puede desmentirlo) y en su lugar, trajo a Carlos Trejo. “¡Carlitos mijo!” “Dígame usted presidente”. “Pues ya que la indiada no se asusta con marcianos ahora tú dales fantasmas. Mira... ¡Vamos a llevar el concepto de LA MANO PELUDA a la televisión! ¡Esa no falla Carlitos! Es parte de la cultura”.
Y fue tanto el éxito de “Carlitos”, que ahora, otras televisoras también tienen programas de fantasmas. Todos ellos tienen qué ver con el regreso de los muertos porque es lo que asusta al mexicano. Que si en aquel parque de diversiones se mueve una estatua es porque ahí mataron a una señora; que si una muñeca se mueve sola es porque tiene el espíritu de la abuelita de no sé quién y el chiste es que todo es regreso de los muertos. Y mientras tanto, el verdadero terror, el que es peor que los vampiros Drácula de Stoker y Carmilla de Le Fanu, es más, el que es peor que cualquiera de los monstruos europeos y estadounidenses, ese sigue agazapado como los lobos asechando al pueblo. Terror que debemos seguir temiendo, pues siempre existe la posibilidad de que detrás de nosotros, aparezca un mal gobernante para asestarnos una puñalada por la espalda. Y como dicen los adolescentes de hoy: “¡Tengo miedo!”
Y es que fue parte de la herencia de los españoles de entonces. Porque, Yo no sé si los Mexicas creían en el regreso de los muertos, pero en cambio sí sé que en el Archivo General De La Nación, hay muchos antecedentes de lo que según esto, sucedió en México en cuanto a supuestas apariciones cuando los españoles estaban aquí. Por eso estoy seguro de que ese temor, que muchos todavía tienen, nos vino de España. Pero los gringos, por más que se digan más inteligentes que nosotros, son peores (piores dijera el indio) porque… ¡Adivine con qué los asusta su gobierno! Pues no me lo va usted a creer pero los asusta con… ¡Extraterrestres! ¡Sí de veras! No suceda algún escándalo que involucre al gobierno, porque así como Jacobo y TELEVISA se prestaron a lo del mentado Chupa Cabras, así los medios allá se prestan para sacar supuestos videos de la NAZA, en los que se asegura, se vieron presencias alienígenas en cierto lugar. Y por supuesto, ahí tiene a los gringos con los calzones abajo, temblando de miedo y hablando de eso todo el santo día.
En México se quiso implementar la misma estrategia y le hablaron a Jaime Mausán: “¡Jaime!” “Dígame señor Presidente…” “Pues que dice papá gobierno (el de Estados Unidos) que tenemos qué asustar a nuestra gente con marcianos mano. Ya hablé con Emilio y le dije que te dé un espacio en la tele así que… ¡Te me vas a armar el teatrito y mucho cuidado!” Y ahí va Maussán, a armar un programa que hasta la fecha, no asusta ni al perro. Y viendo esto, el presidente lo mandó a la jodida (aunque lo dejó con su programa y su fama porque ya no puede desmentirlo) y en su lugar, trajo a Carlos Trejo. “¡Carlitos mijo!” “Dígame usted presidente”. “Pues ya que la indiada no se asusta con marcianos ahora tú dales fantasmas. Mira... ¡Vamos a llevar el concepto de LA MANO PELUDA a la televisión! ¡Esa no falla Carlitos! Es parte de la cultura”.
Y fue tanto el éxito de “Carlitos”, que ahora, otras televisoras también tienen programas de fantasmas. Todos ellos tienen qué ver con el regreso de los muertos porque es lo que asusta al mexicano. Que si en aquel parque de diversiones se mueve una estatua es porque ahí mataron a una señora; que si una muñeca se mueve sola es porque tiene el espíritu de la abuelita de no sé quién y el chiste es que todo es regreso de los muertos. Y mientras tanto, el verdadero terror, el que es peor que los vampiros Drácula de Stoker y Carmilla de Le Fanu, es más, el que es peor que cualquiera de los monstruos europeos y estadounidenses, ese sigue agazapado como los lobos asechando al pueblo. Terror que debemos seguir temiendo, pues siempre existe la posibilidad de que detrás de nosotros, aparezca un mal gobernante para asestarnos una puñalada por la espalda. Y como dicen los adolescentes de hoy: “¡Tengo miedo!”
lunes, 8 de agosto de 2011
ANTES DE MI DIVORCIO CON LA IGLESIA
Este año hará ya 25 de que hice mi primera comunión. ¡Sí! Aunque usted no lo crea, Yo, el que ahora reniega públicamente de la iglesia, hice mi primera comunión cuando era niño. La hice durante las fiestas patronales de la delegación donde vivía y fue un desastre.
Recuerdo que se me había dicho que, cuando el cura pusiera la ostia en mi lengua, tenía qué pegarla al paladar y por ningún motivo masticarla, sino empujarla con la lengua hacia adentro o en todo caso esperar a que se deshiciera en mi boca porque era Cristo mismo entrando a mi cuerpo. Pero el momento fatal en que el cura puso la ostia en mi lengua no fue tan mágico. Al instante, sentí ganas de vomitar, así que me saqué la ostia de la boca mientras estaba arrodillado frente a mi banca, (en aquellos tiempos la parroquia del pitillal tenía bancas de madera y por eso no podía uno dormirse a gusto como ahora que hasta tiene aire acondicionado) y luego me la volví a meter porque me llamaron la atención hasta que acabé masticando, haciendo pedazos con mis dientes al supuesto Cristo de la iglesia. Cristo que, por cierto, acabó más tarde en la letrina. ¿No es eso peor que masticarlo?
De ahí en adelante era de mandarnos a misa de niños, a mí y a mi hermano, todos los sábados a las ocho de la mañana. Ni protestar, porque de hacerlo, no habría dinero para ir al cine Juárez a la función para los niños. Pero volviendo al tema: Antes de la misa, salían unas monjas a cantar con nosotros y puesto que no cantábamos fuerte, algunos porque nos quedábamos dormidos y otros porque aún estábamos medio modorros, las monjas nos decían: “¡Canten fuerte! ¡Parece que no desayunaron!” Y es que, las muy ingenuas, no recordaba nunca que si la misa era a las ocho de la mañana nunca hubiéramos podido desayunar antes, sino hasta después, porque según las normas establecidas por no sé quién, (un marihuano seguramente) había qué comulgar en ayunas.
Luego llegaba el temible y regañón padre Hipólito, para dar su misa como si se la estuviera dirigiendo a ancianos en vez de a niños. Mientras el cura con su perorata, las monjas, se paseaban de un lado a otro de la iglesia para descubrir a los que se dormían y darles un pellizco para así de paso desquitar sus amarguras por no poder gozar de los placeres mundanos de la vida públicamente. ¡Vaya amor al prójimo! Hasta que a las nueve, llegaba la bendita hora de salir, cantando algo así como: “Adiós reina del cielo, madre del salvador; adiós oh madre mía, adiós, adiós, adiós”.
A mis 12 años se las hice efectiva y dije adiós de verdad y, agarrando mis canicas, me fui para no volver. Hoy que soy grande ya no mastico ostias, pero tengo la costumbre (mala costumbre para algunos) de seguir masticando los supuestos cristos de la iglesia.
Recuerdo que se me había dicho que, cuando el cura pusiera la ostia en mi lengua, tenía qué pegarla al paladar y por ningún motivo masticarla, sino empujarla con la lengua hacia adentro o en todo caso esperar a que se deshiciera en mi boca porque era Cristo mismo entrando a mi cuerpo. Pero el momento fatal en que el cura puso la ostia en mi lengua no fue tan mágico. Al instante, sentí ganas de vomitar, así que me saqué la ostia de la boca mientras estaba arrodillado frente a mi banca, (en aquellos tiempos la parroquia del pitillal tenía bancas de madera y por eso no podía uno dormirse a gusto como ahora que hasta tiene aire acondicionado) y luego me la volví a meter porque me llamaron la atención hasta que acabé masticando, haciendo pedazos con mis dientes al supuesto Cristo de la iglesia. Cristo que, por cierto, acabó más tarde en la letrina. ¿No es eso peor que masticarlo?
De ahí en adelante era de mandarnos a misa de niños, a mí y a mi hermano, todos los sábados a las ocho de la mañana. Ni protestar, porque de hacerlo, no habría dinero para ir al cine Juárez a la función para los niños. Pero volviendo al tema: Antes de la misa, salían unas monjas a cantar con nosotros y puesto que no cantábamos fuerte, algunos porque nos quedábamos dormidos y otros porque aún estábamos medio modorros, las monjas nos decían: “¡Canten fuerte! ¡Parece que no desayunaron!” Y es que, las muy ingenuas, no recordaba nunca que si la misa era a las ocho de la mañana nunca hubiéramos podido desayunar antes, sino hasta después, porque según las normas establecidas por no sé quién, (un marihuano seguramente) había qué comulgar en ayunas.
Luego llegaba el temible y regañón padre Hipólito, para dar su misa como si se la estuviera dirigiendo a ancianos en vez de a niños. Mientras el cura con su perorata, las monjas, se paseaban de un lado a otro de la iglesia para descubrir a los que se dormían y darles un pellizco para así de paso desquitar sus amarguras por no poder gozar de los placeres mundanos de la vida públicamente. ¡Vaya amor al prójimo! Hasta que a las nueve, llegaba la bendita hora de salir, cantando algo así como: “Adiós reina del cielo, madre del salvador; adiós oh madre mía, adiós, adiós, adiós”.
A mis 12 años se las hice efectiva y dije adiós de verdad y, agarrando mis canicas, me fui para no volver. Hoy que soy grande ya no mastico ostias, pero tengo la costumbre (mala costumbre para algunos) de seguir masticando los supuestos cristos de la iglesia.
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