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miércoles, 26 de febrero de 2014

LA CITA MACABRA

POR: OMAR ARCE

 

Hoy, amable lector, quiero dejar a un lado la política, y contarle una experiencia que acabo de tener. La pregunta es: ¿Y será tan buena como para que la comparta con todo PUERTO VALLARTA, BAHÍA DE BANDERAS, CABO CORRIENTES, TOMATLÁN, y el mundo entero a través de internet? Pues nomás imagínese: Acudí a una cita con una muerta. ¿Quiere saber más? Pues entonces lea, y hágalo con mucho cuidado para que pueda darme su opinión sobre lo que sucedió.

 

Resulta ser que a uno de mis amigos se le ocurrió morirse en estos días. Aunque poco me gustan los funerales, acudí a su velorio y, ya estando en la funeraria, alguien se acercó y me tocó el hombro derecho. No era un muerto, sino un hombre que me dijo "¡Tú eres EL BASTONAZO! Mi mamacita te leía mucho, y de hecho, hace unos días, justo antes de morirse, me dijo que quería invitarte a la casa para que tomaras café con Ella, y que Ella te platicara no sé qué tantas cosas. Hoy la tengo aquí, tendida. Murió ayer. ¿Por qué no me acompañas a beber café con Ella?" La propuesta me dejó confundido. ¿Acaso aquel hombre me estaba invitando a sentarme junto al féretro, y beber café con la muerta? No tardé mucho en entender que sí. Puse la mano en su hombro, y caminamos hasta el ataúd.

 

De camino pensaba: "¡Sentarme a tomar café junto a un ataúd! ¡Y para complacer a una lectora! Vaya cosas que le pasan a uno". El aroma a café y velas me mareaba, el de las flores nunca me ha gustado porque me recuerda, precisamente, a los velatorios de los seres que más quiero, y los cantos que suelen interpretar en los funerales me repugnan. Pero sin hacer caso a nada de esto, continuaba caminando hasta la capilla ardiente de aquella mujer. Mi pregunta, aunque hecha para mí mismo era: ¿Y qué haré?

 

El silencio era sepulcral. No era como en otros funerales en los que hay rezos, o ya de perdida, hay algunas viejas criticonas comiéndose a todo aquel que llega. Acercaron la silla, y dándome un vaso de café, el hombre me dijo: "Bien, te dejo con tu admiradora. Habla BASTONAZO. Por favor habla de algo. ¡De lo que quieras! Quiero cumplirle el sueño a mi viejita". Y comencé a dirigirme a todos, hablándoles de lo que para mí es la muerte, tema que seguramente compartiré en otra ocasión. Así estuve por unos diez minutos, hasta que agradeciendo la atención, me levanté como para irme. El hombre quedó agradecido, y Yo quedé contrariado. Me quedé pensando y es que, a veces la agenda de la vida suele sorprendernos. Aquella mujer quería tomarse un café conmigo, sin pensar que, en efecto, había una cita pendiente. Solo que Ella estaría tendida. Por mi parte, me encanta tomar café, y platicar con los lectores de este humilde y sencillo espacio; pero nunca pensé que lo haría con una lectora que, como un pequeño detalle que se nos escapa a la hora de planear una cita, estaría ya muerta. Solicité permiso para compartir lo vivido, y puesto que me fue otorgado, aquí les hablo de la cita macabra. La cita con una muerta, que es una experiencia más que me llevo como columnista de este diario. Solo espero que a mi amable lectora no se le haga costumbre, y venga luego a buscarme para echarse otro cafecito.



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