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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Y SE ACABÓ EL ENCANTO

¡Cómo cambian los tiempos y las cosas! ¿Verdad? Leyendo una cuenta de TWITTER que se llama @Nicolas_De_Bari y Platicando con un amigo que tengo en MONTERREY sobre los festejos de la navidad, le contaba que, a diferencia de ellos, la gran mayoría de los niños vallartenses en los años ochenta no estábamos tan influidos por Gringolandia y por tanto, en vez de decírsenos que el 24 de DICIEMBRE venía "SANTACLÓS" (SANTACLAWS como dicen los gringos), se nos hablaba del "NIÑITO DIOS"; que según las madres de aquellos tiempos como la mía, era el que traía los regalos y se le podían pedir por medio de la oración. ¡O sea, nada de cartitas! Uno pedía, y luego nuestra madre nos preguntaba un día de NOVIEMBRE o principios de DICIEMBRE: "¿Y qué le vas a pedir al NIÑITO este año?" y entonces uno les decía, para que luego las mamás se lanzaran a la juguetería para buscar y apartar aquel juguete, no sin antes advertirnos que de no traernos lo que pedíamos, debíamos conformarnos con lo que el NIÑITO decidiera que merecíamos. Tal vez esto lo hacían para evitar berrinches en caso de que no pudiera conseguirse aquel juguete, o de que fuera demasiado caro para pagarlo.

 

Y qué bonito. Porque para mí, las posadas y la noche del 24 eran mágicas. Yo sí creía que había un "NIÑITO DIOS" que venía mientras dormía para dejarme los regalos a los pies de la cama, y tenía aquella emoción que se sentía en la víspera al pensar si finalmente me iba a traer lo que pedí o no. Por eso era tan difícil dormir, y bien fácil que despertaba a las 5 o 6 de la mañana el día 25 para jugar con lo que me había dejado que, dicho sea de paso, siempre fue lo que quise y no por bien portado, sino porque tenía (y tengo) unos padres a todo dar. Los juguetes de moda de aquel entonces como los TRANSFORMERS (de los cuáles tuve toda la colección), las ametralladoras de agua, patrullas que corrían haciendo ruido, trenes, instrumentos musicales y hasta rompe cabezas que Yo pudiera armar tocando las piezas, todo tuve y de nada me quedé con ganas. No era rico; pero mis padres le hacían la lucha para complacernos ese día.

 

Pero a lo que voy es a esto: Hoy en día ya los niños no tienen la emoción del NIÑITO, y aunque algunos todavía creen en SANTA, a veces me doy cuenta que ya no queda ni eso. En mi propia familia las cosas cambiaron para adaptarse al tiempo, ya que mis sobrinos ahora tienen un árbol de navidad donde depositan su cartita, y en la noche buena al dar las doce se lanzan sobre los regalos para abrirlos. ¡Y qué bueno! Porque Yo digo que también sería muy tonto querer imponerles a los niños de hoy las tradiciones de ayer, y que ya ninguno de los de su edad tienen. Pero… ¿Dónde quedó el encanto?

 

Dicen los psicólogos que no es bueno llenar de fantasías a los niños; pero los psicólogos dicen muchas cosas, y hacen muy poco de lo que dicen. Yo tengo muy bonitos recuerdos de aquellos tiempos, y nunca me he sentido traumado por el hecho de que un día supe que eran mis  padres, y no el NIÑITO quien dejaba los regalos. Eso de que los niños se traumen al darse cuenta de que no hay NIÑO DIOS ni SANTACLÓS, es una jotería que le han estado aprendiendo a los gringos. ¡Ellos se trauman por todo! Nosotros los mexicanos no. En fin, ahí está el recuerdo de mis navidades, con el que seguramente muchos lectores se identificarán.

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