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miércoles, 17 de agosto de 2011

CUANDO DIOS ABRE LA PUERTA

Siempre he pedido a DIOS que, por sobre todas las cosas, nunca olvide Yo mis orígenes. Por eso, y contra todo aquel que dice que no es bueno recordar el pasado, Yo sí regreso el casete de vez en vez para recordar el camino por el que DIOS me ha traído, pues considero esta la clave para seguir siendo quien soy.

Esto viene a colación porque, el próximo 4 de septiembre, se cumplirán siete años de mi graduación como abogado en la UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA, campus PUERTO VALLARTA. Recuerdo que hubo ciertas personas que me dijeron que jamás lograría esto, debido a que la carrera lleva mucha lectura y en efecto, así es. De hecho, si se quiere ser un buen abogado, estudiar leyes es leer por el resto de nuestra vida. Con todo eso y sin contar con nada de los aditamentos tecnológicos con los que ahora cuento, seguí caminando. Recordaba en aquel entonces que, para cruzar el MAR ROJO en seco, MOISÉS primero tuvo qué levantar la vara y comenzar a caminar teniendo todavía el imponente mar frente a Él.

Y así llegué a la escuela; vestido con pantalones LEVIS de mezclilla y camisas POLO, cargando mi máquina de escribir y una bolsa tipo mochila que me había regalado mi madre, en la que llevaba una pequeña grabadora reportera y un montón de casetes marca SONY de noventa minutos para grabar las clases. Y DIOS, en quien Yo había confiado, seguía ahí arreglándolo todo. De modo que hubo una gran accesibilidad por parte de los maestros, una apertura increíble por parte de mis compañeros y hasta el centro universitario que era tan grande, parecía facilitar las cosas para que Yo pudiera moverme por sus pasillos. Mi popularidad creció. En cuanto a las lecturas, eran mis compañeros, mis hermanos y mi padre quienes me ayudaban. Los exámenes, los resolvía en un diálogo frente a frente con mis maestros y las tareas escritas, cuando no eran en equipo, las hacía en mi máquina de escribir.

En el 2004, me recibí con mención honorífica teniendo uno de los más altos promedios. Hoy soy abogado, tengo trabajo en el gobierno municipal y sigo creyendo, contra todo y contra todos los que pudieran argüir lo contrario, que DIOS sigue aquí, arreglándolo todo para que me vaya bien. Porque la puerta que Él abre, nadie la cierra y la que Él cierra, nadie la abre. La cosa es confiar en Él.

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