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miércoles, 10 de agosto de 2011

LOS CASTIGOS DE JEHOVÁ

Era domingo por la mañana y Yo, allá en el vigésimo primer sueño después de haber ido a un convivio, me encontraba tirado en la cama. De pronto, escuché a lo lejos unos toquidos en mi puerta y desperté. Pensé que era la PGR, porque así tocaban y además, con esto de que le pego a medio mundo no sería raro. Pero no. “¡Ahí van hombre!” Grité mientras me vestía y me daba una peinada. Abrí la ventanilla de la puerta y… “Buenos días”. Me dijo la voz de una mujer joven al parecer. “¿Estaba dormido?” A lo que Yo respondí todavía con mi aliento a moneda oxidada: “Tengo la maldita costumbre de hacerlo por las noches y, cuando es domingo, hasta muy entrada la mañana. ¿Qué se le ofrecía?” Y entonces vino aquella frase que me hizo enojar. “Somos testigos de Jehová y estamos aquí para traerle buenas noticias”. Recordaba que, la última vez que decidí seguirles la corriente, la buena noticia era que el mundo se iba a acabar. Así que le dije a la señorita que no tenía tiempo para escucharle.

Después de repetírselo tres veces logré que se fuera. Estaba enojado porque me habían despertado para sus tonterías, pero mi coraje fue mayor, cuando oprimí el botón de mi reloj parlante y este me dijo que a penas eran las ocho de la mañana. ¡Pero qué poca! ¿No le ha pasado?

Definitivamente, alguien debe marcarles el alto a estos fanáticos religiosos que, violando a todas luces la ley, se atreven a ir puerta por puerta promoviendo su culto. ¡Y dijera usted que lo hacen a horas prudentes pero no! Sus mujeres, como si no tuvieran qué hacer nada en el hogar, como dar de desayunar al marido o arreglar la casa por lo menos, desde temprano andan por ahí promoviendo la revistita y diciendo que se quedarán con la tierra. ¡Ya parecen ejidatarios peleando la tierra para ellos! Por mí quédensela.

Y de veras… ¿No podrían promover las locuras de Charles Russell en días y horas hábiles? No es que tenga nada contra ustedes pero compórtense de acuerdo a las reglas de civilidad por favor. Si voy a las ocho de la mañana de un domingo a despertar a un amigo, aunque sea para buenas noticias, les aseguro que me mienta la madre. No fue eso lo que hice con la señorita y su acompañante, aunque sinceramente, ganas no me faltaron. Solo que Yo sí soy educado. En fin, ahí les encargo no sean ca…britones.

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